Robert Casajuana. Autor de la novel·la AMLEPSE, ADVENTÍCIA i SEMLEPSE. Blog de literatura jove i per adults. Novel·les Juvenils. Literatura. Cites. Art. Llibres. Frases de llibres. Ressenyes de llibres. Opinions.by: Robert Casajuana.http://robertcd.wix.com/robertcasajuana
Hi ha llibres de terror que són només per passar l'estona, que només t'aconsegueixen fer tremolar lleugerament durant un instant. Però Stephen King és un mestre del gènere de terror, i sap com espantar-nos de debò. Un clar exemple és la seva novel·la "El Resplandor.", anys després de la seva publicació adaptada a la gran pantalla -una mica imaginativament, tot s'ha de dir- pel grandíssim Stanley Kubrick.
SINOPSIS
REDRUM. Esa es la palabra que Danny había visto en el espejo.
Y aunque no sabía leer, entendió que era un mensaje de horror. Danny tenía cinco años. Y a esa edad pocos niños saben que los espejos invierten las imágenes y menos aún saben diferenciar entre realidad y fantasía. Pero Danny tenía pruebas de que sus fantasías relacionadas con el resplandor del espejo acabarían cumpliéndose: REDRUM… MURDER, asesinato. Pero su padre necesitaba aquel trabajo en el hotel. Danny sabía que su madre pensaba en el divorcio y que su padre se obsesionaba con algo muy malo, tan malo como la muerte y el suicidio. Sí, su padre necesitaba aceptar la propuesta de cuidar de aquel hotel de lujo de más de cien habitaciones, aislado por la nieve durante seis meses. Hasta el deshielo iban a estar solos. ¿Solos?...
FRASES
STEPHEN KING
EL RESPLANDOR
La soledad en sí misma puede ser peligrosa. Es mejor que un hombre tenga consigo a su família.
¡Qué difícil era recordarlo todo a través de la bruma de cólera, el golpe seco y desafinado de ese único acorde! Wendy preguntó desde alguna parte qué pasaba...Jack agarró a Danny para darle unos azotes.
Sus gruesos dedos se hundieron en la delicada carne del pequeño antebrazo, apretando hasta cerrar el puño. El chasquido del hueso al romperse no fue muy fuerte, trató de convencerse Jack, aunque
en realidad le había parecido ensordecedor, abriéndose paso como una flecha a través de la bruma roja. Sin embargo, en vez de dejar entrar la luz del sol, aquel ruido había dejado paso a las nubes
oscuras del remordimiento y la vergüenza, del terror, de la angustiosa convulsión del espíritu. Fue un ruido precioso, que separaba el pasado del futuro, un sonido como el que hace un lápiz cuando
se quiebra, o una astilla para el fuego, después de romperla con la rodilla.
Todos los grandes hoteles tienen escándalos. Lo mismo que cualquier gran hotel tiene fantasmas.
Un hombre tiene que aprovechar lo que encuentra, especialmente cuando van pasando los años.
Aunque no tuviera reloj ni supiera leer todavía la hora, Danny se daba cuenta del paso del tiempo por el alargamiento de las sombras y por el tono dorado que empezaba a adoptar la luz de la tarde.
Parecía mejor estar solo que esperar cualquier cosa que pudiera suceder.
A veces, cuando se esforzaba mucho en pensar, las cosas reales se alejaban y veía otras que no estaban.
Cuando regresó al mundo de las cosas reales, estaba tendido en el suelo, manchado de judías y puré de patatas, y su mamá lo tenía en brazos llorando mientras papá llamaba por teléfono.
Finalmente volvió a meterse en la cama y se cubrió con las mantas. Se quedó mirando cómo las sombras que arrojaba sobre el cielo raso esa luz lejana se convertían en una jungla sinuosa llena de plantas carnívoras, que no querían otra cosa que enredarse en torno a él, estrujarlo hasta quitarle la vida y arrastrarlo hacia abajo, hacia una negrura donde destellaba, en rojo, una sola palabra, siniestra: REDRUM
Hay mucha gente que tiene un poco de esplendor, aunque ni siquiera lo sepa. Son los que siempre aparecen con flores cuando su mujer está triste, los que responden bien a las preguntas en la escuela
sin haber estudiado, los que se dan cuentade cómo se siente la gente con sólo entrar en una habitación.
A veces sueño cuando estoy despierto.
La gente...siente cosas, y yo también las siento, ¡pero no sé qué es lo que siento!
Era posible pasar de una situación pasiva a una activa, hacerse dueño de aquello que había estado a punto de llevarlo a la locura y tomarlo como un premio, como algo que no pasaba de tener un interés
académico.
Danny huía del ruido ensordecedor a través de retorcidos y laberínticos corredores, mientras sus pies desnudos susurraban sobre la suavidad de una selva azul y negra. Cada vez que, a sus espaldas,
oía el estruendo del mazo de roqué al estallarse contra la pared, quería gritar. Pero no debía.
Pero ni siquiera recordaba lo que había olvidado. Todo estaba oscuro y en su terror había perdido el sentido de la orientación. Había escapado por un corredor y después por otro, con el corazón
latiendo como un bloque de hielo ardiente, temiendo tras cada recodo encontrarse frente al tigre humano que erraba por los pasillos.
Los golpes se oían cada vez más cerca. Percibía el silbido que emitía la cabeza del mazo al cortar el aire antes de estallarse contra la pared; el susurro suave de los pies sobre la alfombra selvática; el sabor
del pánico en la boca, como un jugo amargo.
Al doblar la esquina vio, con un horror insidioso y sin resquicios, que estaba en un callejón sin salida. Desde todos lados, las puertas cerradas lo miraban hoscamente.
Retrocedió contra la pared, llorando de terror, el corazón palpitante como el de un conejo atrapado. Al apoyar la espalda contra el sedoso papel de color azul, con su dibujo de líneas onduladas, las
piernas se le aflojaron y se desplomó sobre la alfombra, con las manos abiertas sobre la jungla de enredaderas y lianas entretejidas, respirando con dificultad.
En los pasillos había un tigre que estaba a punto de alcanzarlo, sin dejar de vociferar en su cólera enloquecida, lunática e impaciente, esgrimiendo el mazo de roqué. Sí, se trataba de un tigre, aunque
tenía dos piernas y era... Despertó súbitamente, irguiéndose en la cama, con los ojos muy abiertos mirando la oscuridad y ambas manos cruzadas sobre la cara.
Tony estaba por allí, en la oscuridad, repitiendo una y otra vez las mismas palabras incomprensibles: -Este lugar inhumano hace monstruos humanos...
Todos recordamos con mayor claridad los sueños agradables que los que nos asustan. Parece que en algún rincón entre lo consciente y lo subconsciente hubiera un catalizador, donde viviera un puritano
de mil demonios, un censor que sólo deja pasar muy poco. Y frecuentemente lo que consiente no es más que lo simbólico. Todo esto es Freud supersimplificado, pero describe bastante bien lo que sabemos.
Correría el riesgo de las pesadillas. ¡Necesitaba saber!
Danny todavía estaba despierto cuando el falso sueño de sus padres se había convertido en real. Dio vueltas en la cama, enredándose en las sábanas, luchando con un problema demasiado grande para él, despierto en la noche como un solitario centinela. Y después de medianoche, cuando él también se durmió, no quedó despierto más que el viento, lanzándose contra el hotel y silbando en los aleros,
bajo la mirada fría y penetrante de las estrellas.
Quiero hacer lo que está bien, pero no sé qué es. ¿Deberíamos marcharnos o quedarnos? Es como elegir entre la sartén y las brasas.
Todos los días nevaba, a veces en breves rachas que apenas espolvoreaban la costa reluciente de nieve ya helada, otras veces lo hacía con fuerza, y entonces el grave susurro del viento se elevaba
hasta convertirse en un alarido que hacía que el viejo hotel se estremeciera de manera alarmante, aun en medio de un profundo lecho de nieve.
Las promesas se hacen para romperlas, mi querido redrum para romperlas, astillarlas, reventarlas, martillarlas.
Jack tenía la impresión de que esas cosas eran como las piezas de un rompecabezas, que terminarían por encajar unas con otras si encontraba las piezas que faltaban, de modo que seguía buscando,
sobresaltándose y enjugándose los labios cada vez que el horno se ponía a rugir a sus espaldas.
No creo que puedan hacerte daño...son como las figuras de un libro...Cierra los ojos y desaparecerán.
El tiempo pasó. Y cuando empezaba a relajarse, a entender que la puerta no debía tener llave y que podía salir, las manos sumergidas durante años, hinchadas, hediondas, se cerraron suavemente
en torno a su cuello y lo obligaron a volverse para contemplar el rostro morado de la muerte.
Si podía encontrarlo, su recompensa sería una visión maravillosa.
Lo escribiría por la misma razón que, en su opinión, se escribía todo lo que era gran literatura, fuera o no de ficción: la verdad al final siempre se sabe. Lo escribiría porque sentía que debía escribirlo.
La relación con su padre había sido como el desplegar de una flor que prometía ser bella, pero que, al abrirse del todo, estaba interiormente roída por el tizón.
Jack se estremeció. La conciencia, como los recibos, como las hojas caídas de los árboles en otoño, descendía perezosamente.
Durante un largo segundo permaneció inmóvil, mirándola. Podía sentir el gusto de terror en el fondo de la garganta, como un sabor de cerezas pasadas.
¿Oía pasos que se aproximaban a la puerta, o sólo los latidos de su corazón?
La muerte que camina como símbolo de emociones muertas, de vidas muertas que se resisten a desaparecer, a irse...pero como es una imagen de su subconsciente, ella también s él.
De un extraño puedes alejarte, pero de ti mismo no.
Percibió oscuramente que de algún lado llegaba un ruido ahogado, desde fuera de su mundo interior, febril y tumultuoso. Miró hacia el otro lado de la habitacón...
En algún momento después de medianoche, mientras estaban sumidos en un sueño inquieto, la nieve había dejado de caer, tras haber agregado otros veinte centímetros a la antigua capa. Las nubes
se abrieron, un viento fresco las disipó, y Jack contempló un polvoriento lingote de sol, que entraba oblicuamente a través de la ventada situada en la pared oriental del cobertizo para herramientas.
Allí todos los momentos eran un momento.
Y debajo de cada máscara -rutilante, encantadora- que caía, aparecía el rostro todavía ignorado de la forma que lo perseguía por esos pasillos a oscuras, muy abiertos los ojos enrojecidos,
inexpresivos y homicidas. Tenía miedo de qué cara aparecería a la luz cuando llegara el momento de quitarse las máscaras.
Por encima de él, el reloj al que había dado cuerda con la llave de plata seguía marcando los segundos, los minutos, las horas.
Todos los tiempos son uno.
En ese instante pensaba que jamás en toda su vida se había sentido tan desdichado. La mente y el cuerpo no eran más que un largo escrito de dolor. La cabeza lo atormentaba, con el latido enfermizo
de una resaca.
Vivir del propio ingenio es saber siempre dónde están las avispas.
No se oía más que el ruido áspero de su respiración, el del viento y el tictac del reloj en el salón de baile.
Danny empezó a debatirse. La oscuridad y el pasillo comenzaron a fluctuar. La imagen de Tony se hizo quimérica, confusa.
Yo no te traje aquí, Danny. Tú mismo te trajiste. Porque tú sabías.
Ahora estás profundamente dentro de ti mismo, en un lugar donde nada puede entrar.
No hay llave que les venga bien, y nadie puede darles cuerda. Las puertas jamás han sido abiertas y nadie ha entrado en las habitaciones. Pero no puedes quedarte aquí mucho tiempo, porque ya viene...
El terror, que un momento antes era frío y distante, se convirtió en una cosa inmediata.
¿Es mi papá el que viene por mí?
Más allá del arco del sótano, las enormes pilas y montones de papeles viejos se convirtieron en otras tantas antorchas sibilantes, que no conseguía sofocar el agua hirviendo de la caldera al derramarse
sobre ellas. Como las hojas de otoño que van quemándose bajo un avispero, fueron ennegreciéndose y retorciéndose. Al estallar, el horno destrozó las vigas del techo del sótano, que
se desplomaron como el esqueleto de un dinosaurio.
Gritaba aquello ya sin voz, porque no era más que un pánico vociferante de condenación y espanto en sus propios oídos, algo que se disuelve, que pierde el pensamiento y la voluntad, buscando a tientas,
sin resultado, una salida, una escapatoria al vacío, a la inexistencia. La fiesta había terminado.
Ninguno de los dos es lo que era, pero eso no es necesariamente malo.
Se levantó una leve brisa, que abría su camino secreto entre los pinos, pero sin alborotar apenas el pelo de Wendy, que se lo había dejado muy corto.
Las lágrimas que curan son también las lágrimas que queman y mortifican, se dijo.
Todo esto irás dejándolo atrás. Ahora no te parece posible, pero ya lo verás.
El mundo no te quiere, pero tu madre y yo sí que te queremos.
Después de todas las cosas que había visto y por las que había pasado, sabía que las sombras podían ser peligrosas. Podían tener dientes. EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO
El mundo tiene sus mecanismos para mantener las cosas en equilibrio. EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO
Cuando el alumno esté preparado, aparecerá el maestro. DICHO
La enseñanza es un regalo en si misma, ¿sabes? El mejor regalo que cualquiera puede dar o recibir. EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO
Era cierto, porque yo lo hacía real. EL RESPLANDOR 2, DOCTOR SUEÑO